Por una cooperación feminista

Una cooperación feminista supone dar prioridad a la igualdad de género y a losderechos de las mujeres.

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La Cooperación española es una cooperación feminista desde la razón y la convicción en favor de la justicia social. Impulsar una política de cooperación feminista es afrontar la relación entre conocimiento, poder y prácticas transformadoras. Supone enfrentar ideas y discursos que generan, legitiman y reproducen desigualdades de género. Supone poner en cuestión prácticas como la trata de personas en lugares donde no son entendidas como una vulneración de derechos. Donde la mujer no está presente en los espacios de decisión política y social, ni se la espera. Donde la educación es solo un privilegio destinado a los hombres. Donde, en definitiva, ser mujer es una clara desventaja social.

A menudo, las ideas dominantes sobre el progreso y los procesos socioeconómicos se muestran como neutras desde la perspectiva de género, y no es así. Una cooperación feminista supone conocimiento crítico: supone, como se ha dicho muchas veces, desagregar datos y evidencias, y deconstruir y desnaturalizar ideas y discursos para mostrar cómo esos procesos afectan a las desigualdades de género; supone también poner la mirada en la vida y experiencia de las mujeres en posición subordinada y excluida, y aparentemente banal. Como señaló Jacqui True: “El conocimiento que emerge de las experiencias de las mujeres en los márgenes de la política mundial es en realidad mas neutral y critico al no ser tan cómplice de, o ciego con, las instituciones y relaciones de poder existentes”.

Una cooperación feminista supone también dar prioridad a la igualdad de género y a los derechos de las mujeres y las niñas enfrentando, de manera integral, las múltiples desigualdades que las atraviesan, tanto material como simbólicamente. Implica reconocimiento, voz y representación, redistribución y poder, a partir de su protagonismo. Va más allá de la ayuda, pues reclama reconstruir las agendas internacionales desde la perspectiva de la igualdad de género: el desarrollo sostenible, la resolución de conflictos y la construcción de paz, democracia y derechos humanos.

En todas ellas es necesaria una visión informada por la igualdad de género, que no caiga en esencialismos o se limite añadir a esas agendas “la mujer y sus problemas”. También por ese motivo la cooperación feminista es transformadora, al informar y orientar al conjunto de la acción exterior.

La Cooperación española, que cuenta con una larga trayectoria en países de América Latina, Caribe y África, trabaja desde hace 25 años con una perspectiva de igualdad de género que es integral y transversal a todos sus programas, y lo ha sido también en la respuesta internacional que ha dado a la pandemia. Y no se trata de una política aislada. Es la proyección externa de nuestro propio modelo de experiencia. Porque España es pionera en igualdad de género y así lo es la Cooperación española. La Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género de 2004 y la Ley de igualdad efectiva de mujeres y hombres de 2007 son sólo dos ejemplos. Pero no se trata de exportar modelos a lugares que tienen distintas trayectorias históricas o realidades sociales. Se trata de aprendizajes para compartir y de promover alianzas con las mujeres que, en países donde cooperamos, han asumido por sí mismas el impulso del cambio.

Este enfoque transformador se reflejó en la Estrategia de Género y Desarrollo, resultado de un amplio consenso de todos los actores de la Cooperación Española y que sigue vigente. Esta estrategia fue disruptiva y pionera en el contexto internacional, al reconocer la genealogía feminista del enfoque género en desarrollo, y en la construcción de las iniciativas de igualdad en la cooperación; en incluir los derechos económicos, sociales, políticos, culturales, y especialmente también al reconocer los derechos sexuales y reproductivos como derechos humanos, posición que se ha mantenido a lo largo de los años, ahora en grave riesgo por la mirada involucionista de fuerzas políticas y gobiernos conservadores.

La cooperación feminista también interpela a las propias organizaciones y agentes de la política exterior y de cooperación, aún muy masculinizadas. No se trata solamente del equilibrio numérico, sino de impulsar liderazgos transformadores, y asignar recursos específicos a esta prioridad para hacer frente a los obstáculos estructurales a la igualdad efectiva. Para establecer alianzas con las organizaciones de mujeres y forjar coaliciones efectivas se necesitan recursos, planes de acción con calendarios de ejecución, indicadores precisos y mensurables, y buena gobernanza, para que esa voluntad transformadora sea efectiva.

En la actualidad, la Cooperación española, a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) cuenta con más de 300 proyectos en igualdad de género en ejecución en la treintena de países prioritarios de América Latina y el Caribe, África y Oriente Medio. En los últimos cuatro años, la Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas (FIIAPP) -dedicada a la cooperación técnica entre administraciones públicas- ha desarrollado más de 230 iniciativas de género. También desde la Fundación Carolina se promueve la cooperación feminista mediante instrumentos tan relevantes como la educación superior y la promoción y difusión de la lengua y cultura españolas.

Además, en todos los Marcos de Asociación País que firmamos con los países socios, la transversalidad en género es rasgo distintivo que caracteriza a la Cooperación española. Tanto es así que en sucesivos análisis y exámenes del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD/OCDE) y Evaluación de la UE, se reconoce este compromiso sostenido con la igualdad de género como seña de identidad de la Cooperación española, aún con cambios de gobierno y tiempos de crisis.

Seguiremos transitando por la senda de la cooperación feminista, con la Plataforma de Beijing siempre presente, especialmente en la futura Ley de Cooperación al Desarrollo Sostenible y la Solidaridad Global y en el próximo Plan Director, donde apostaremos por reforzar todos estos avances, siguiendo la línea en la que venimos trabajando marcada por el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 5: lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas.

El objetivo es alcanzar la igualdad real y efectiva a la par que reforzamos la integración de género en la sostenibilidad ambiental, la economía y ética de los cuidados, y eliminar las peores formas de discriminación, así como mantener el lenguaje acordado y apoyos a los derechos de salud sexual y reproductiva, fundamental en estos tiempos de retrocesos y de cuestionamiento de derechos.

Por todas nosotras, por las que nos precedieron y por las que nos sucederán, seguiremos trabajando por una cooperación feminista.

Escrito por Pilar Cancela Rodríguez para ElMundo.es. Ella es secretaria de Estado de Cooperación Internacional.

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